Hace unos años, participé en una reunión que, en apariencia, era completamente normal. La conversación giraba en torno a una iniciativa estratégica que requería la colaboración de varios departamentos. Sin embargo, a medida que avanzaba el diálogo, comenzaron a repetirse frases que resonaban como un ecosistema corporativo agotado: «Necesitamos una mejor ejecución», «Asegurémonos de estar alineados», «Debemos aprovechar nuestros recursos», «¿Contamos con la capacidad suficiente?», «Identifiquemos…».
Estas expresiones, tan comunes en entornos laborales, reflejan una presión constante por cumplir objetivos con más tareas y responsabilidades. El problema surge cuando se ignora que los equipos humanos tienen límites y que añadir una tarea más puede generar sobrecarga y, en última instancia, errores o daños.
La reflexión final, que podría resumirse como «Si ejecutamos una cosa más, alguien terminará perjudicado», pone en evidencia la necesidad de repensar cómo se distribuyen las cargas de trabajo en las organizaciones para evitar consecuencias negativas a largo plazo.

