Imagine sufrir una parálisis tan severa que no solo pierde la movilidad de manos y pies, sino también la capacidad de hablar. Durante años, las interfaces cerebro-computadora (BCI) han ofrecido la esperanza de traducir las ondas cerebrales para permitir la comunicación y el control de dispositivos digitales. Un reciente avance de un equipo de la Universidad de California en Davis ha demostrado que una persona con ELA puede hablar y desempeñar un trabajo a tiempo completo utilizando esta tecnología.
El estudio, publicado recientemente, describe la implantación de un sistema BCI en Casey Harrell, un paciente con esclerosis lateral amiotrófica o enfermedad de Lou Gehrig, que desde 2023 lleva un implante cerebral que interpreta sus pensamientos para controlar un cursor y sintetizar el habla. Este sistema, desarrollado por la coalición BrainGate junto al Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU., ha funcionado de forma continua y confiable durante años.
David Brandman, neurocirujano responsable del proyecto, señala que la interfaz ha alcanzado un nivel de precisión sin precedentes: en pruebas controladas consigue una exactitud del 99% al generar frases a partir de la actividad cerebral de Harrell, mientras que en el uso cotidiano la precisión ronda el 92%. Esta tecnología ha permitido a Harrell no solo comunicarse con su entorno, sino regresar a su trabajo como defensor ambiental, y mantener conversaciones significativas con su hija, que jamás había escuchado su voz.
A diferencia de proyectos anteriores, el sistema puede ser gestionado por el equipo de cuidados domiciliarios del paciente, quien ha empleado la tecnología más de 3.800 horas en estos años, lo que supone un promedio superior a cinco horas diarias de uso.
El avance clave radica en la combinación de un hardware probado —el sistema de Blackrock Neurotech— junto con un software propio llamado BRAND, que utiliza algoritmos de aprendizaje automático para decodificar la actividad cerebral en tiempo real. Este software traduce las señales neuronales en fonemas en inglés, luego en palabras y finalmente en oraciones, generando un habla sintetizada precisa.
Brandman compara el desarrollo de las interfaces cerebro-computadora con la evolución de los marcapasos, que en sus inicios eran aparatos voluminosos y complejos de implantar, y hoy en día son procedimientos comunes y simplificados. El objetivo del equipo de Davis es demostrar que estas tecnologías pueden salir del ámbito experimental para llegar a soluciones prácticas y accesibles para pacientes con discapacidades severas.
Harrell confía en que su experiencia no sea única, esperando que pronto muchos pacientes con ELA puedan beneficiarse de implantes similares y recuperar capacidades perdidas. Mientras tanto, BrainGate sigue reclutando voluntarios para futuros estudios, reforzando la esperanza de que la combinación de IA y BCI transforme la calidad de vida de personas con limitaciones motoras graves.

