La tasa de desempleo en el Reino Unido descendió al 4,9% en el trimestre cerrado en abril, según los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS) el jueves. Esta cifra representa una mejora respecto al 5% registrado en el periodo anterior y supera las estimaciones de los analistas, que esperaban que la tasa se mantuviera sin cambios. Aunque la variación es modesta, llega en un momento clave para los responsables de política monetaria que evalúan el grado de holgura en el mercado laboral.
El crecimiento salarial, excluyendo bonificaciones, se mantuvo estable en el 3,4%, muy por encima del 3,2% previsto. Ajustados por la inflación, los salarios crecieron un 0,3% real, lo que significa que los trabajadores mejoraron ligeramente su poder adquisitivo. Considerando bonificaciones, la subida total fue del 4,4%, también por encima del 4% esperado.
Estos datos llegaron solo horas antes del anuncio del Banco de Inglaterra sobre los tipos de interés. Se espera ampliamente que el Comité de Política Monetaria mantenga los tipos en el 3,75%, nivel al que se recortaron a finales del año pasado en respuesta a una inflación que parecía acercarse a su objetivo. Desde entonces, el banco ha adoptado una postura cautelosa debido a las señales dispares de crecimiento económico.
Los responsables de política monetaria están especialmente atentos al mercado laboral para valorar si el encarecimiento del petróleo relacionado con el conflicto en Irán puede presionar al alza los salarios y desencadenar una espiral inflacionaria. Un mercado laboral ajustado aumentaría el riesgo de efectos secundarios que el Banco quiere evitar.
El secretario de Trabajo y Pensiones, Pat McFadden, comentó que los datos reflejan 400.000 personas más empleadas que hace un año, aunque reconoció la incertidumbre causada por la inestabilidad en Oriente Medio. Destacó además reformas significativas en el empleo juvenil, como la Garantía Juvenil con una inversión de 2.500 millones de libras para crear casi un millón de oportunidades, y el programa Connect to Work, que apoya la inserción laboral de 300.000 personas con discapacidad.
No todos interpretan los datos como un cambio decisivo. El economista independiente Julian Jessop advirtió que la tendencia subyacente sigue siendo débil, con 119.000 empleados menos en mayo frente al mismo mes del año anterior y 187.000 menos que en 2024.
Otro desafío para el Comité es determinar si la menor demanda de trabajadores está debilitando el poder de negociación de los empleados, reduciendo sus probabilidades de conseguir subidas salariales significativas. La situación actual contrasta con el periodo posterior a la invasión rusa de Ucrania, cuando la inflación llegó al 11,1% y los salarios crecieron más del 5% durante casi tres años.
Suren Thiru, economista jefe de ICAEW, subrayó que el mercado laboral está bajo presión por el aumento de las facturas energéticas y los costes laborales, con muchas empresas limitando la contratación y conteniendo los salarios, en particular entre los jóvenes. Este enfriamiento coincide con informes anteriores que muestran una ralentización en la creación de empleo y la caída de vacantes.
Thiru considera que el menor ritmo de crecimiento salarial podría tranquilizar a los responsables de política monetaria, ayudando a contener la inflación impulsada por el conflicto en Irán. En este contexto, anticipa que el Comité mantendrá los tipos de interés y que las actas de la reunión podrían adoptar un tono ligeramente más acomodaticio.
En cuanto al número de beneficiarios de prestaciones por desempleo, aumentó en 31.200 en mayo, más que los 25.800 previstos, tras una revisión al alza de 8.300 en abril. El empleo creció en 100.000 personas en los tres meses hasta abril, una desaceleración respecto a los 148.000 del periodo anterior pero por encima de las expectativas de 80.000.
Thiru alertó también sobre la caída de vacantes, señal de que la demanda de trabajadores se debilita rápidamente, en un contexto de presiones financieras crecientes y adopción de automatización. Esa tendencia coincide con el aumento del desempleo de larga duración a niveles no vistos en una década.
Finalmente, aunque el descenso en la tasa de desempleo es un dato positivo, la incógnita para empresas y responsables políticos es si esta mejora se mantendrá cuando los efectos completos del encarecimiento de los costes y la menor demanda se hagan sentir con mayor intensidad en la economía.

