Los máximos responsables empresariales del Reino Unido han reclamado estabilidad y urgencia a los próximos líderes políticos tras la dimisión de Sir Keir Starmer, que deja al país enfrentando su séptimo primer ministro en una década. La prioridad de las compañías es reducir los costes que conlleva hacer negocios, desbloquear inversiones a largo plazo y evitar que Ed Miliband, actual secretario de Energía, asuma el Ministerio de Hacienda.
A menos de dos años desde la amplia victoria laboralista bajo Starmer, las empresas se preparan para un nuevo periodo de incertidumbre. Varios altos cargos expresan en privado su temor a que la toma de decisiones se paralice durante semanas mientras el Gobierno aguarda la llegada del sucesor, presumiblemente Andy Burnham.
El mercado financiero reaccionó con relativa calma a la noticia: la libra subió un 0,3 % hasta situarse en 1,32 dólares y los bonos a diez años se mantuvieron estables en torno al 4,85 %. Los inversores ya anticipaban la salida de Starmer tras el triunfo de Burnham en las elecciones parciales de Makerfield, y valoraron positivamente el compromiso del futuro dirigente con las reglas fiscales del Ejecutivo.
Sin embargo, esta tranquilidad no se traslada a las reuniones empresariales. Los grandes lobbies intensifican sus contactos con altos funcionarios, mientras bancos de inversión preparan análisis e informes para sus clientes sobre cómo afectará la remodelación política a la agenda económica y los mercados. Se repite así un patrón habitual entre compañías que ya soportan la inseguridad previa a cada Presupuesto y la oscilación de la confianza.
Un empresario vinculado al Partido Laborista afirmó confidencialmente que el país está «sediento de dirección clara» y que el nuevo Gobierno debe comprometerse a resolver cuanto antes asuntos clave como la seguridad, la inmigración ilegal y la reforma de las prestaciones sociales, actualmente en una situación crítica.
El mismo interlocutor reconoció su satisfacción por la marcha de Starmer, a quien acusa de «fracasar en todos los frentes» al no definir con claridad su programa ni tener el respaldo necesario para tomar decisiones firmes y unificar a su formación. La «falta de urgencia» fue, en su opinión, uno de los errores más graves del ex primer ministro.
No obstante, no todos celebran el cambio. Theo Paphitis, inversor y empresario británico, advierte sobre la incertidumbre que genera que Burnham asuma el poder sin que se conozcan sus políticas o su visión clara para el país.
Por su parte, Rain Newton-Smith, directora general de la Confederación de la Industria Británica (CBI), agradeció a Starmer su apoyo a la empresa nacional y su liderazgo internacional, pero subrayó que queda mucho por hacer. «Con las tensiones geopolíticas al alza, el Reino Unido necesita ahora estabilidad, confianza y una hoja de ruta clara para crecer», indicó.
Criticó que los problemas económicos no se resolverán solos y que el coste de hacer negocios es un factor imposible de ignorar para afrontar la crisis del coste de la vida. La CBI advierte desde hace tiempo que la presión fiscal y regulatoria sobre las empresas está al límite, demandando a los ministros que eviten nuevas subidas impositivas.
Newton-Smith recordó la importancia de adoptar sin demora decisiones sobre inversiones en defensa, infraestructuras, límites a los precios de la energía o la renegociación de la relación Reino Unido-UE, compromisos a largo plazo que no deben verse postergados ni bloqueados.
Para muchos en el mundo empresarial, la identidad del próximo ministro de Hacienda es más relevante que la del nuevo primer ministro. Sir Martin Sorrell, fundador de S4Capital, adoptó una postura prudente sobre Burnham, subrayando que la capacidad de cumplir las promesas será la verdadera prueba. «Hay que esperar a ver y darle una oportunidad. En el pasado hubo reuniones con empresarios, pero poca concreción después», afirmó, advirtiendo que Miliband enfrentaría la presión de los mercados financieros.
En definitiva, tras un año marcado por mayores impuestos y una retórica más dura desde Downing Street, el sector privado está dispuesto a conceder cierta confianza al nuevo Gobierno, siempre que haya compromisos claros, un ministro de Hacienda solvente y, sobre todo, que se ponga fin a la parálisis que lastra la economía.

