La primera vez que recorrí un vecindario tras un incendio, lo que más me impactó fueron las casas que seguían en pie. A menudo, la clave no era la suerte, sino el trabajo humilde y constante realizado semanas o meses antes: una canaleta despejada, un perímetro de seguridad de cinco metros alrededor de la cimentación o un montón de leña alejados de la vivienda.
Como bombero forestal, sé que preparar una casa frente a incendios no requiere grandes inversiones, sino disciplina. Mantener el terreno despejado, eliminar materiales combustibles cerca, proteger ventanas y techos y mantener podas regulares puede marcar la diferencia entre la destrucción y la supervivencia.
Este enfoque preventivo no solo salva propiedades, sino también vidas. Por eso, me esfuerzo en aplicar lo que sé en mi propio hogar y animo a todos a tomar medidas similares para minimizar riesgos cuando el fuego se acerque.

