El presidente de la Asociación de Aeropuertos de Europa (ACI Europe) y director ejecutivo del aeropuerto de Fráncfort, Stefan Schulte, ha lanzado una crítica contundente a los políticos sobre el nuevo sistema digital de control fronterizo de la Unión Europea (Entry-Exit System, EES). Schulte instó a dejar de fingir que este sistema funciona correctamente, advirtiendo que la acumulación de caos en los controles de pasaporte mantiene en vela a los responsables del sector.
El EES, implantado este año en la mayoría de países europeos, obliga a los viajeros procedentes de fuera de la UE a registrar datos biométricos —como escaneo facial y huellas dactilares— al entrar en el espacio Schengen. Esta información se verifica cada vez que cruzan las fronteras, siendo esta la mayor transformación en los viajes hacia Europa desde el Brexit para los aproximadamente cuatro millones de turistas británicos que visitan el continente en verano.
Si bien en algunos países la implantación ha sido fluida, varias aerolíneas y aeropuertos reportan demoras sustanciales y pasajeros que han perdido vuelos. Schulte calificó la situación durante un encuentro en Praga y afirmó: «Los políticos deben dejar de fingir que el EES funciona bien, porque no es así. Los viajeros hacen colas de horas en horas punta y no sé cómo lograrán hacer frente al aumento previsto del tráfico en las próximas semanas».
El momento no podría ser peor para el sector turístico, en plena temporada alta con un creciente número de pasajeros. Recientemente, decenas de pasajeros de Ryanair quedaron atrapados en Atenas tras perder su vuelo a Londres debido a retrasos en los controles, mientras que otros aeropuertos como Milán Bergamo y Milán Linate también sufrieron problemas similares. Wizz Air incluso ha aconsejado a sus clientes británicos llegar con tres horas de anticipación para hacer frente a las largas esperas.
La raíz del problema reside en la complejidad y duración del proceso biométrico impuesto por el EES, que sustituye al rápido sellado tradicional del pasaporte. El puerto de Dover ha advertido sobre impactos negativos permanentes en el tráfico transfronterizo, y las autoridades del Reino Unido ya mostraban preocupación por posibles colapsos incluso antes de la puesta en marcha del sistema.
Schulte exige mayor flexibilidad para que las autoridades fronterizas puedan suspender el EES cuando sea necesario, evitando así un caos mayor, y llama a reconsiderar los procedimientos actuales en defensa de la experiencia de los viajeros y la reputación del continente como destino eficiente y acogedor.
La Comisión Europea permite suspensiones limitadas del EES hasta septiembre, pero la decisión depende de cada gobierno. Esto provoca que las colas sigan creciendo mientras se debate su aplicación, y Schulte advierte que el pico estival se extiende más allá de esa fecha, con riesgo de una «colapsa total» del sistema.
El gobierno británico confirma que los viajeros deben esperar controles biométricos según el EES, el cual se implementa de forma gradual en los Estados miembro. Esta situación se agrava por la falta de coordinación entre países: Grecia garantizó inicialmente que no exigiría controles biométricos a británicos en verano, aunque luego matizó esa afirmación. Portugal e Italia también evaluaron posibles exenciones, que la Comisión Europea descartó.
Este clima de confusión añade incertidumbre a una industria ya preparada para un verano complicado, al que se sumará en 2027 el requisito adicional para británicos de obtener una autorización de viaje ETIAS, con coste económico. Por ahora, el mensaje de los responsables aeroportuarios europeos es claro: el sistema de control europeo no está preparado para la demanda actual, y negar esta realidad solo prolongará el sufrimiento de los pasajeros.

