La industria del desarrollo del liderazgo —a la que algunos denominan el «Cártel de los Ponentes»— está formada principalmente por profesores, científicos del comportamiento, investigadores y consultores. Sus libros, aunque populares, han llevado a la creencia errónea de que para ser un líder eficaz es necesario experimentar ciertas emociones o ‘sentir’ de una forma concreta.
Como consecuencia, se han creado numerosos instrumentos que se presentan como evaluaciones de liderazgo, cuando en realidad actúan como filtros simplificados de tipos de personalidad. Estas herramientas, a menudo, limitan la complejidad y diversidad real del liderazgo a categorías emocionales preconcebidas, lo que puede inducir a confusión y limitar el desarrollo auténtico de habilidades directivas.
Este fenómeno ha generado un sesgo en la comprensión del liderazgo, desviando la atención hacia la gestión emocional y filtración de características supuestamente predeterminadas, en detrimento de aspectos más objetivos y prácticos que verdaderamente impactan en la efectividad de un líder.

