El RIPE Network Coordination Centre (RIPE NCC), encargado del registro regional de recursos de internet en Europa, Oriente Medio y partes de Asia, ha decidido abandonar su plan de migración prioritaria a la nube por preocupaciones geopolíticas. En un giro inesperado, esta organización está optando por reconstruir una infraestructura física robusta que garantice la seguridad y estabilidad frente a riesgos derivados de la dependencia de proveedores de nube estadounidenses.
Desde la llegada de la administración Trump, muchas entidades europeas, incluido RIPE NCC, han reevaluado el riesgo inherente a confiar en hiperescaladores con sede en EE. UU. para servicios críticos. Según Hans Petter Holen, director ejecutivo de RIPE, volver a la situación previa no es viable, ya que las expectativas actuales sobre la resiliencia y seguridad de los servicios han aumentado notablemente.
En la última reunión general, Holen reveló que gran parte de la infraestructura requiere una renovación integral, lo que implica un incremento significativo del gasto de capital (capex) a niveles no vistos desde antes de adoptar la estrategia ‘cloud-first’. Habrá que reemplazar hardware obsoleto tras años de priorizar la infraestructura en la nube y repensar la distribución y cantidad de centros de datos, con una arquitectura que minimice dependencias y facilite la expansión futura.
Además, se contempla implementar almacenamiento y copias de seguridad geográficamente redundantes, así como elegir plataformas de virtualización que reduzcan el riesgo de dependencia de un único proveedor. La meta es completar esta transición hacia una infraestructura nueva y sostenible para 2028, con un coste adicional estimado de cinco millones de euros. Este esfuerzo recuperará los niveles de inversión previos a 2020, lo que obligará a equilibrar ahorros internos con las cuotas de los miembros.
Precisamente, el debate sobre las tarifas fue uno de los episodios más complejos en la última Asamblea General. Aunque se esperaba que una escala móvil redistribuyese las cuotas, con una mayoría (74 %) de socios pagando menos, los miembros finalmente votaron por mantener la tarifa plana existente. La participación fue del 15,7 %, cifra alta para esta organización pero que revela cierto desapego.
RIPE NCC atribuye el resultado a mensajes contrapuestos durante las consultas, junto con malentendidos acerca de derechos de voto ligados al pago. Este episodio evidencia una división entre quienes defienden la equidad basada en la contribución financiera proporcional a los recursos de internet y quienes prefieren la igualdad absoluta en las tarifas. El organismo seguirá buscando fórmulas para conciliar ambas posturas mientras avanza en la renovación de su infraestructura.

