En la última década, los consejos de administración han avanzado considerablemente en la sofisticación con que gestionan los riesgos empresariales. Actualmente, es común que comités especializados supervisen meticulosamente áreas como el cumplimiento normativo, las defensas cibernéticas, la salud financiera y la estabilidad operativa, cada una monitorizada mediante métricas propias y reportes regulares.
No obstante, persiste una alarmante carencia en la gestión de uno de los riesgos más críticos: la pérdida repentina de los máximos responsables de la compañía. Este tipo de crisis puede desestabilizar gravemente a la organización, pero, a diferencia de otros riesgos, no suele tener un plan claro ni un seguimiento formal por parte del consejo.
Este vacío revela que, pese a la madurez alcanzada en otras áreas de riesgo, la preparación para eventuales cambios abruptos en el liderazgo sigue siendo deficiente, potencialmente poniendo en jaque la continuidad y el futuro de la empresa.

