Rohan, un técnico informático que trabajaba en el departamento IT de un almacén, compartió una curiosa experiencia laboral. La dirección necesitaba un tablet con pantalla grande para un nuevo software, pero ante los precios que superaban los 1.000 dólares, encargaron a un becario encontrar una alternativa más económica. Mientras Rohan estaba de vacaciones, su compañero adquirió un tablet Android genérico anunciado como de 14 pulgadas por solo 150 dólares.
Al regresar, Rohan encontró en su escritorio el paquete con el tablet y un correo donde su joven colega expresaba orgullo por el ahorro conseguido. Sin embargo, al abrirlo, constató que el dispositivo medía solo nueve pulgadas. Abrió una reclamación con el vendedor, quien sugirió utilizar una peculiar metodología propia para medir tamaño, que según ellos convertía el tablet en once pulgadas. Rohan mantuvo la disputa y el vendedor envió una foto de la caja con una etiqueta que indicaba 14 pulgadas, intentando justificar la compra.
Finalmente, la plataforma de venta intervino y recomendó devolver el tablet para obtener un reembolso completo, incluyendo gastos de envío. El vendedor ofreció un reembolso parcial si conservaban el dispositivo, lo que habría dejado a la empresa con un tablet inutilizable por 60 dólares. Rohan concluye con una moraleja clara: enseñar a los jóvenes informáticos a desconfiar de las promociones que parecen demasiado buenas para ser ciertas.

