La asesora de la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, para emprendedores ha advertido que la administración pública británica lleva «congelada seis semanas» y ha alertado de que el cambio de primer ministro representa un «colosal desperdicio de energía» justo cuando el sector empresarial del Reino Unido necesita decisiones rápidas y firmes, no retrasos.
Alex Depledge, emprendedora en serie y cofundadora de la plataforma tecnológica Resi, expresó su preocupación sobre la prolongación de esta parálisis: «Perderemos al menos seis meses, posiblemente un año entero, solo entendiendo a los nuevos ministros que asumirán sus cargos. La gente británica merece algo mejor», aseguró ante líderes empresariales en el evento The Times Entrepreneurs Network Live en Londres.
Estas declaraciones llegaron un día después de la dimisión de Sir Keir Starmer como primer ministro, allanando el camino para que Andy Burnham asuma el liderazgo, aunque el futuro de Reeves al frente de Hacienda sigue siendo incierto.
En un contexto donde la incertidumbre política en Westminster ha provocado inquietud en el mundo empresarial, incluidos fundadores y diputados que advierten que el sistema fiscal británico está desincentivando a los emprendedores a permanecer en el país, Depledge reconoció que avanzar dentro del gobierno se ha vuelto complicado. «Tenemos que encontrar qué podemos hacer dentro de los parámetros actuales; hay cosas que ya no podemos hacer, pero otras sí».
Su mayor temor es tener que dedicar otro año a que los nuevos responsables entiendan la urgencia y la necesidad de actuar con rapidez.
Por otra parte, Gareth Quarry, donante y director en el ámbito legal, propuso que Wes Streeting sea el próximo ministro de Hacienda, destacando que ganaría la confianza del sector financiero, algo fundamental para el camino a seguir si Rachel Reeves no continúa en el cargo.
En este debate sobre la sucesión, también surgen críticas hacia otras figuras políticas, con un donante laboral que aseguró, bajo anonimato, que Ed Miliband es «demasiado ideológico» y no entiende el concepto de seguridad energética, mientras que Reeves, a pesar de sus errores, sería una opción aceptable para mantener la estabilidad.
Los temores se enmarcan en el contexto de un Reino Unido que afronta una de las mayores fugas de millonarios a nivel mundial, alimentada por advertencias constantes contra las subidas fiscales que afectan a la empresa privada.
Durante el citado evento, el inversor Harry Stebbings, con más de 550 millones de dólares invertidos en empresas emergentes, aconsejó a Burnham no imponer nuevos impuestos sobre la riqueza ni a inversores y emprendedores, señalando que medidas así provocarían la fuga masiva de capital y talento hacia países como Dubái, Milán o Atenas.
Stebbings coincidió con el Instituto de Estudios Fiscales que advierte que un impuesto sobre la riqueza concentrado en los más ricos incentiva su salida del Reino Unido o directamente su ausencia. Para él, la prioridad debería ser atraer y retener al talento que crea empresas, proponiendo incentivos fiscales como exenciones en el impuesto sobre la renta y en ganancias de capital para emprendedores y profesionales de alto nivel.
El mensaje final para los fundadores británicos fue contundente: el país no puede permitirse otro año de inmovilidad política mientras Westminster decide quién dirige el país.

